La magia detrás del color:
y la rareza del azul
Contenido:
La magia detrás del color
Una parte importante de cómo percibimos y nos relacionamos con el mundo está mediada por el color. Vine a aterrizar esta idea justo ahora, mientras buscaba cómo darle ritmo a este blog. Piénsenlo un momento ¿cuántas decisiones tomamos al día influenciados por el color?
La ropa que elegimos esta mañana; la manzana roja que compramos en el fruver por encima de la verde porque queríamos algo más dulce; la cerveza negra que pedimos en el bar en lugar de una dorada porque preferimos un sabor más tostado. Gran parte de esa información la interpretamos a partir de los colores que vemos.
Y aquí estamos hablando sólo de la percepción y la relación que tenemos con el color. Sin lugar a dudas, la forma en la que nos movemos y evolucionamos como especie está ligada a él. Pero, ese es tema para otro blog. Hoy, empezamos esta edición hablando de la intrincada y mágica dinámica — si así se quiere ver— que ocurre para que podamos ver los colores de la manera en la que lo hacemos. Y digo “ la manera en la que lo hacemos” porque en el mundo natural, maneras de ver los colores existen por montones.
Dicho esto, La percepción del color requiere tres elementos: una fuente de luz, un objeto y un observador. Y aquí voy a hacer el mismo ejercicio que hizo el director de la película de Weapons "la hora de la desaparición": iré contando la historia elemento por elemento esperando que al final todo tenga sentido. A algunos les gustará y a otros no, pero, al final del día, es una de las películas mejor calificadas del género, al menos, en los últimos años. En fin… empecemos.
La fuente de luz
Existen diversas fuentes de luz, como los bombillos y la luz del sol. Seguro en este punto no nos cuesta reconocer que estas fuentes son distintas, pues su origen es muy diferente: una es natural y la otra es artificial. Sin embargo, hay algo en lo que ambas coinciden, se presentan ante nuestros ojos dentro del espectro de lo que se conoce como la luz visible. Pero ¿qué es eso?
La luz visible, también conocida como luz blanca, es la forma en la que recibimos la luz proveniente del sol. Esta luz contiene todos los colores que reconocemos en un arcoíris. Tal vez la forma más fácil de ilustrarlo sea a través de la carátula del increíble disco de The dark side of the moon de Pink Floyd:
De esta forma, cuando hablamos del espectro de luz visible, nos referimos a estos colores que están contenidos dentro de la luz blanca y que se distribuyen en diferentes franjas o longitudes de onda —Aproximadamente entre los 380 nm y los 700 nm—. Al final del día, obvio pero elemental: sin una fuente de luz no hay colores.
El objeto
Ahora bien, para que podamos ver los colores, es necesario que la luz incida —o choque— contra los objetos, es decir, la materia. Las características de los objetos determinan en gran medida los colores que vemos. De esta forma, cuando la luz interactúa con un objeto, este absorbe cierta parte de su energía —ciertas longitudes de onda— y la otra la rechaza, es decir, la refleja.
Esta interacción es particular e incluso irónica, porque el color que vemos en los objetos es justamente el que no fue absorbido, es decir, la longitud de onda que fue rechazada. Por ejemplo, la clorofila, principal pigmento de las plantas, absorbe longitudes de onda entre las regiones rojas y azules del espectro, pero no las correspondientes al verde. Por eso vemos las plantas verdes.
El observador
Acá finalmente entramos nosotros, pues la percepción de los colores está sujeta a la interpretación que nuestros ojos hacen de las distintas longitudes de onda. Porque, si nadie está ahí para ver el color ¿existe de verdad?
Las neuronas encargadas de hacer esa traducción son los fotorreceptores llamados conos. Estos se encuentran en la retina y son células especializadas en la recepción de esta información. Existen tres tipos de conos: los conos S, que reaccionan a longitudes de onda corta (azul); los conos M, que reaccionan a longitudes de onda media (verde); y los conos L, que reaccionan a longitudes de onda larga (rojo). En esencia, es la combinación en las señales de los conos la que nos permite tener la gama completa de colores.
Es importante resaltar que, frente a la interpretación que hacen nuestros ojos de los colores, también entran otros factores, por ejemplo, el tipo y la calidad de la iluminación. Un objeto poco iluminado reflejará un tono más oscuro, mientras que los objetos muy iluminados reflejarán un color más saturado. Recuerdan hace algunos años el revuelo que generó el color de un vestido en internet; pues por ahí va este tema de la iluminación y la interpretación.
El truco del color azul
¿Y a qué iba con toda esta introducción digna de un capítulo de física de un libro de bachillerato? Pues que es importante entender los mecanismos que hay detrás de la apreciación del color para poder comprender fenómenos tan excepcionales en la naturaleza como el color azul.
El color azul, al menos en los seres vivos, es el reflejo de un despliegue de estrategias increíbles. Los animales y las plantas han desarrollado mecanismos únicos para poder vestir ese color. Pero ¿Qué lo hace tan complejo de conseguir?
Por un lado, tiene que ver con los pigmentos; sustancias químicas producidas por los organismos que absorben ciertas longitudes de onda, es decir, ciertos colores, y reflejan otros. Los pigmentos son los responsables de que veamos, por ejemplo, las zanahorias naranjas por los carotenos o los arándanos morados por las antocianinas.
El problema es que los pigmentos azules son muy escasos en la naturaleza. La luz azul, dentro del espectro visible, posee una longitud de onda corta y una energía relativamente alta, por lo que suele ser absorbida en procesos fundamentales como la fotosíntesis. Y no solo es esto, para que veamos azul, una molécula debe actuar como un filtro muy preciso: absorber casi todos los colores y dejar pasar solo el azul. Lograrlo es difícil e inestable, y por eso es tan raro en la naturaleza.
En las plantas, este escurridizo color azul aparece gracias a modificaciones de las antocianinas, causadas por cambios en el pH y por su interacción con otras moléculas e iones. Aun así, el azul sigue siendo raro: apenas alrededor del 10 % de las plantas con flor tienen flores azules. Y eso es sorprendente si pensamos que existen más de 280.000 especies de plantas con flor en todo el mundo.
En los animales, los mecanismos que les permiten lucir el color azul son distintos, acá no estamos hablando de interacciones químicas sino de fenómenos físicos. Entra en escena la coloración estructural, un fenómeno responsable de la iridiscencia que encontramos en algunos organismos. Los colibríes, por ejemplo, son grandes exponentes de esta estrategia.
Sus diminutas plumas contienen estructuras microscópicas que interactúan con la luz, reflejándola e interfiriendo entre sí. Resultando en esos destellos cambiantes y esos colores tan maravillosos, entre los que encontramos, por supuesto, el azul. De igual forma, las mariposas con sus alas cubiertas de diminutas escamas estructuradas capaces de reflejar la luz en cambiantes y hermosos tonos azules con cada aleteo.
Y luego están algunos anfibios y reptiles, quizá de los casos más sorprendentes. En ellos, el color azul proviene de células especializadas llamadas iridóforos. Estas células no contienen pigmentos; en su lugar, poseen pequeños cristales que reflejan la luz y generan tonos azules constantes o incluso efectos iridiscentes, como ocurre en ciertas lagartijas. Lo más fascinante es que, aunque el color surge gracias a un fenómeno físico, todo el proceso está controlado por complejas rutas bioquímicas dentro del organismo.
Y quizá por eso el color azul es tan fascinante. Porque detrás de algo aparentemente tan simple como el color de una flor, el brillo de una mariposa o las plumas de un colibrí, se esconden mecanismos increíblemente complejos que la naturaleza ha perfeccionado durante millones de años.
Tal vez ahí esté la verdadera magia del color, en descubrir que aquello que vemos todos los días, en realidad es, más extraordinario de lo que parece a primera vista.
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